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Personas mayores e inclusión digital: Hacia una sociedad digital adaptada a las personas

Por Adela Mesa del Olmo

Personas mayores e inclusión digital: Hacia una sociedad digital adaptada a las personas


Un análisis sobre la inclusión digital de las personas mayores: barreras del envejecimiento, acceso a las TICs y estrategias para fomentar la autonomía y el bienestar en la sociedad digital actual.


Adela Mesa del Olmo

Profesora Titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad del País Vasco (UPV-EHU).

Encuesta Brecha digital 2025 

Nos encaminamos hacia un progresivo y pronunciado envejecimiento de la población mundial. Según datos de la ONU, para 2050 una de cada 6 personas en el mundo tendrá más de 65 años. El envejecimiento es, por tanto, un tema central que hay que atender poniendo el foco en conseguir que no solamente vivamos más años sino en mejores condiciones de vida y con mayor bienestar. En pleno siglo XXI, además, las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (TICs) se han integrado en nuestras vidas (privada, pública, laboral, de ocio, …) y estamos viendo que la edad es un factor determinante, que relega y margina a algunos/as ciudadanos/as menos conectados, o con peores condiciones para el acceso y uso de las TICs.

La encuesta de alcance estatal impulsada de la Fundació Ferrer i Guardiá: “Estudio sobre las brechas digitales entre las personas mayores, 2025 (Fundació Ferrer i Guàrdia, 2025) ofrece unos resultados que permiten diversos abordajes sobre esta cuestión. Aquí presentamos un análisis de esa información articulándola en los siguientes aspectos:

  1. Problemas de acceso de las personas mayores a las TICs
  2. Los factores limitantes relacionados con el propio proceso de envejecimiento;
  3. La falta de autonomía versus confianza en el uso de las TICs;
  4. La formación en TICS para la inclusión digital
  5. Reflexiones finales: potencialidades de las TIC para las personas mayores y la acción pública.

Atendiendo a la cuestión del acceso a las TICs en el caso de las personas mayores (tener dispositivos, acceso a Internet, etc.) encontramos en las personas encuestadas un elevado porcentaje de conexiones a fibra óptica, ADSL u otro tipo de conexión principalmente en el grupo de 60 a 75 años, pero también un significativo 15,8% entre los de 75 y más años, cifras muy semejantes a los que se conectan a Internet por tarifas de datos móvil. Es destacable, sin embargo, que un 54,3% cuenten con telefonía móvil sin conexión a internet; aunque un 75% cuentan con Smartphone (principalmente entre los de 60 y 75 años de edad). Asimismo, el ordenador (portátil o de mesa) no está muy presente en este colectivo (36%y 30%, respectivamente), es decir que no es un dispositivo “familiar” entre este grupo etario. Luego, la telefonía móvil es el instrumento de conexión a Internet más extendido en estos grupos de edad, siendo su penetración muy irregular según los tramos de edad.

 


Proceso de envejecimiento y pérdida de autonomía en las personas mayores

Se ha constatado en numerosos estudios que la edad es un factor determinante como generador de brecha digital (UDP, 2021; ONTSI, 2023) motivo por el cual las iniciativas que traten de profundizar en las limitaciones que se presentan para las personas mayores a la hora del manejo de las TIC son muy necesarias e inciden especialmente en este factor. Conviene, asimismo, destacar que la edad, por sí misma no explica la gran variedad de circunstancias que se dan en el uso de las TICs por parte de las personas mayores ya que se pueden presentar perfiles muy diversos. A este respecto, se puede añadir una reflexión acerca del establecimiento de los grupos de edad considerados. En la encuesta se distingue entre 60 y 75 años, por un lado y 76 y más años por otro. Diferentes aproximaciones recomiendan variadas clasificaciones como: el establecimiento de grupos quinquenales (utilizado en demografía y salud), grupos decenales, para informes más descriptivos y tratando de reducir la dispersión a la que conduce la clasificación anterior, o por grupos de edad funcional, muy utilizado en el análisis de dependencia o envejecimiento: mayor o igual a 90 años, entre 80-89 años, 70-79, 60-69 años. Para la finalidad de este proyecto (descriptivo, institucional) la clasificación utilizada es adecuada, pero debemos tener presente las implicaciones que una clasificación u otra pueden tener en los resultados del estudio.

Habitualmente relacionamos la edad con el propio proceso de envejecimiento; sin embargo, aquí hay muchos matices importantes a destacar. Los determinantes propios del envejecimiento interaccionan con el resto de las barreras y producen una variedad de brechas en este grupo etario (Kalachea y Kickbusch,1997). Las limitaciones que tienen que ver con el propio proceso del envejecimiento incluyen capacidades funcionales y cognitivas (la consideración de éstas nos llevaría a otro tipo de clasificación de las etapas del envejecimiento), pero también pérdida de vitalidad y/o de motivación, pérdida de funciones sensoriales, limitaciones locomotoras, pérdida de capacidad visual, auditiva, de memoria, etc. Estas barreras, como barreras intrínsecas interseccionan, a su vez, con las barreras extrínsecas (recursos económicos, educación, contexto social y comunitario, etc.). Las diferentes combinaciones de estos dos tipos de barreras dan una imagen rica en una serie de variedades de brecha que presentan las personas mayores (Wilson et al, 2021).

 Entre otros efectos, con el aumento de la edad se produce una pérdida de autonomía de las personas. En la encuesta realizada, el 67,6% de las personas se sitúan entre los que necesitan ayuda siempre y los que necesitan ayuda alguna vez. Solamente el 17% indica que son autónomas en el empleo de las TIC. Aquí intervienen muchos factores o barreras. Con relación a la información que nos proporciona la encuesta podemos observar que cuando se produce una situación en la que las personas mayores no se consideran autónomas para realizar un trámite por Internet acuden a su entorno (familiar o social) para resolverlo. Es así en el 54,9% de los casos de entre 60 y 75 años y el caso del 21,8% de los que tienen 76 y más años. Esta no es una cuestión menor. La autonomía, la capacidad para participar y el sentirse parte de la sociedad es un reconocimiento a la dignidad de las personas, a su propia autoestima y, por tanto, a su bienestar general (Subirats, 2016).

Estos factores influyen sin duda en la confianza o no en el manejo de las TIC por parte de las personas mayores. A este respecto la encuesta no obtiene respuestas concluyentes ya que los dos extremos (mucha confianza en el uso de las TIC o ninguna confianza en el uso de las TIC) marcan una distancia enorme con una alta seguridad en el manejo de las TIC y un cuarto de los/as entrevistados/as se manifiestas totalmente en desacuerdo con dicha afirmación. En la misma línea, en términos de competencias digitales, un 51% saben navegar a través de buscadores como Google o Bing; pero cuando se trata de rellenar formularios desciende ya al 23,5%. Compartir información, sin embargo, está al alcance de un 65,3% de las personas entrevistadas y la utilización de programas colaborativos (Drive, etc.) lo utilizan el 23,6%; dato semejante a competencias más elevadas como editar archivos de texto o vídeo. Llama la atención que la cuestión del cambio de contraseñas en los dispositivos lo manejan un 33,5% de las personas encuestadas.

A pesar de que aquí tenemos la mirada puesta en las personas mayores estos resultados sintonizan con las cifras europeas donde un 44% de la población está por debajo de las competencias básicas en el manejo de Internet.

En cuanto a los usos de Internet que realizan las personas mayores son muy significativas las cifras resultantes. Mayoritariamente las personas mayores utilizan Internet con fines eminentemente comunicativos (enviar correos electrónicos con documentos adjuntos, enviar fotos a través de las aplicaciones más extendidas (Whatsapp o Telegram), presentan un reparto casi al 50% entre quieres usan buscadores como Google y otros y un porcentaje significativo es capaz de actualizar sus contraseñas de los dispositivos. El resto de los usos como son el recopilar datos en hojas de cálculo, utilizar programas colaborativos como Google Drive y otros, editar textos, imágenes o vídeos, códigos de programación para automatizar acciones, y resolver problemas técnicos expresan mayoritariamente no usarlos y en el grupo de 76 y más años prácticamente no se pronuncian, lo consideran algo ajeno.

Este uso reducido de las TIC es coherente con la presencia que las propias TIC han tenido en estas personas y lo que han condicionado sus vidas en los diferentes ámbitos como son las relaciones sociales y la cultura, el ámbito laboral, el participar en el espacio público o realizar transacciones de compra y venta. Donde quizás se eleva un poco más el recurso a las TIC, como una presencia más importante en sus vidas en cuanto a los trámites administrativos, bancarios, sanitarios, etc. Es interesante cómo en el plano institucional y trámites formales va penetrando el uso necesario de las TIC, también para las personas mayores. Es decir, allí donde su uso se ve más imperioso.

En la actitud que las personas mayores tienen acerca de las tecnologías las preguntas no consiguen respuestas muy concluyentes, pero hay un dato que es interesante y es que las personas mayores se muestras disconformes con la afirmación de que las personas mayores no pueden aprender cosas nuevas de tecnología. En este caso los porcentajes son significativamente distintos al resto de preguntas acerca de la dificultad o no de incorporar las tecnologías a la vida cotidiana de los mayores, e incluso a su inseguridad o interés en el manejo de éstas. Este resultado rompe algunos apriorismos anteriores de que las personas mayores no muestran interés en las nuevas tecnologías. Y, en definitiva, que no tienen a priori una disposición autolimitante respecto a éstas.

 


La formación

Es el entorno familiar o social el que les ha acercado y enseñado a manejar las TIC (el 54%), además de que un 41,4% han sido autodidactas (sobre todo entre los de 60 y 75 años). Es decir, la gran mayoría no han recibido ningún curso de formación. De este bloque, sin embargo, lo que más interesa destacar es lo relativo a la motivación principal a la hora de formarse, quienes así lo han hecho. Se trata de un elevado 47% que afirman haberse formado en TICs, para “no sentirse excluido”. Esta relación entre manejo de las TIC e inclusión social; por tanto, también es percibida por los mayores e implícitamente ejerce como factor de impulso de la digitalización de este colectivo. Esta percepción la tienen quienes se han formado, pero no es el caso de la generalidad de mayores, que parecen no atribuir a la tecnología un papel tan preeminente como para afectar a su consideración social.


Potencialidades de las TIC referidos a las personas mayores

Mayoritariamente, aunque no las usen de forma cotidiana, creen que la tecnología puede emplearse para cuidar otras personas. Y precisamente es en el ámbito de la salud donde vemos que se utilizan gran cantidad de dispositivos dirigidos a mejorar la vida de las personas, específicamente el de las personas mayores tratando de cubrir los déficits que por razones de la edad aquejan a las personas mayores (Huang et al., 2023).

Se abre aquí todo un abanico de políticas de digitalización y de empleo de dispositivos dirigidos a las personas mayores con esa doble finalidad de mejora de sus condiciones de vida, que el propio proceso de envejecimiento limita en múltiples extremos, y de inclusión en la sociedad digital del presente y del futuro y de la que no quieren estar excluidas/os las personas mayores por razón de la edad.



La Fundación Ferrer Guardia es una entidad sin ánimo de lucro que, desde el 1987, trabaja en la investigación, el asesoramiento y el diseño de políticas públicas para fomentar la emancipación y la participación ciudadana activa y crítica.  
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Referencias

  1. Huang, E. S., Sinclair, A., Conlin, P. R., Cukierman-Yaffe, T., Hirsch, I. B., Huisingh-Scheetz, M., ... & Munshi, M. (2022). “The growing role of technology in the care of older adults with diabetes”, Diabetes Care, 46(8), 1455-1463.
  2. Kalachea A. y Kickbusch I. (1997) “A global strategy for healthy ageing.” World Health. (4) July-August, 4-5.
  3. ONTSI, (2023). El uso de las tecnologías en personas mayores. Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública.
  4. Subirats, J. (2016): “Cambio de época y personas mayores. Una concepción de ciudadanía abierta e inclusiva”, en Ezquerra, S. Pérez Salanova, M,; Pla, Margarita y Subirats, J. : Edades en transición. Envejecer en el siglo XXI. Edades, condiciones de vida, participación e incorporación tecnológica en el cambio de época, Ariel, Ciencias Sociales, Barcelona.
  5. Unión de Pensionistas y Jubilados de España (UDP). (2021). Informe sobre brecha digital. Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.
  6. Wilson, J., Heinsch, M., Betts, D., Booth, D., & Kay-Lambkin, F. (2021). Barriers and facilitators to the use of e-health by older adults: A scoping review. BMC Public Health, 21, 1–12.

                                                                                            

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