Relatoría de la jornada “Conectadas con derechos: Jóvenes, género y violencias en el entorno digital”
09/07/2026
La Fundación Ferrer i Guàrdia realizó en la Casa Elizalde de Barcelona la jornada "Conectadas con derechos: Jóvenes, género y violencias en el entorno digital", un espacio de reflexión y debate sobre los derechos digitales de la infancia, la adolescencia y la juventud desde una perspectiva de género interseccional.
Hungría Panadero, directora de la Fundación Ferrer i Guàrdia, dio la bienvenida institucional de la jornada advirtiendo de los dos extremos en los que a menudo caemos las personas adultas cuando hablamos de infancia, adolescencia y entornos digitales: el pánico moral que demoniza la tecnología y el tecnooptimismo que da por hecho que los y las “nativos digitales” ya saben protegerse solos. Entre estos dos polos hay una realidad mucho más compleja: el espacio digital no es un mundo paralelo, sino un espacio que constituye un continuum en sus prácticas de socialización de la infancia y la juventud de hoy. Panadero subrayó que “hablar de derechos digitales es hablar de derechos humanos y de derechos de la infancia, la adolescencia y la juventud”, y que estos no se pueden analizar sin una perspectiva interseccional. Las dinámicas de acoso y control son el reflejo de violencias estructurales y forman parte del diseño mismo de los espacios en línea.
Presentación de resultados de las investigaciones de tecnologías digitales
Sandra Gómez, coordinadora de proyectos, presentó los resultados de dos líneas de investigación sobre derechos digitales de la Fundación Ferrer i Guàrdia desde una perspectiva de género interseccional. Dichas investigaciones se trabajan desde una metodología que prioriza escuchar tanto a las personas expertas como, sobre todo, a los propios adolescentes y jóvenes, en línea con el derecho a ser escuchados que reconoce la Convención sobre los Derechos del Niño.
¿Qué entendemos por derechos digitales?
Más allá de la privacidad o la ciberseguridad, los derechos digitales cubren toda la cotidianidad juvenil: participación, educación, identidad, ocio y cultura. La Observación General núm. 25 del Comité de los Derechos del Niño y la Carta de Derechos Digitales reconocen que los derechos de la infancia deben garantizarse también en línea, pero internet no es un espacio neutro: las desigualdades estructurales (género, edad, origen, clase, territorio, diversidad funcional, orientación e identidad sexual) se reproducen, se amplifican y se transforman en la red.
Puntos clave de la diagnosis
la tecnología no crea el machismo, pero facilita nuevas formas de manifestación, más visibles, rápidas y persistentes. Esta reproducción de desigualdades afecta a las posibilidades de ocupar el entorno digital y participar en ella. Cuatro barreras concretas: presión estética y autocensura; segregación de roles técnicos (chicos a programación, chicas a diseño); diseño de plataformas androcéntrico y reactivo; sesgo algorítmico que invisibiliza contenido feminista y premia el contenido polarizante.
En el Estado español, las mujeres son el 51% de la población, pero sólo el 17,8% de la población ocupada en TIC y el 13,5% de graduadas en informática; sólo un 0,7% de las adolescentes muestran interés por estudiar. Gómez lo vincula a una "brecha de confianza" (autopercepción más baja de competencias a pesar de rendimiento igual o superior) y al fenómeno del leaky pipeline.
la centralidad de la imagen intensifica la presión estética sobre las chicas; el auge de la manosfera, a menudo vinculada a idearios de ultraderecha, más presente en los chicos; el anonimato puede proteger a personas vulnerables pero también favorecer el efecto de desinhibición de comportamientos violentos.
La identidad gamer se construye vinculada a un entorno masculinizado, desigualdades en el acceso (tiempo de ocio y dispositivos) y representación (personajes femeninos secundarios e hipersexualizados). El acoso en el entorno multijugador lleva a muchas chicas a estrategias de invisibilidad (nicknames neutros, evitar el chat de voz), que retroalimentan el estereotipo de que "las mujeres no juegan" o "juegan peor".
Discursos de odio, ciberacoso, stalking, densificación, doxing y violencia basada en la imagen (deepfakes incluidos). La normalización social hace que muchas víctimas minimicen lo que viven y que la carga de la prueba recaiga sobre ellas. Las mujeres con voz pública (periodistas, políticas, activistas) sufren ataques con función disciplinadora.
Mesa de debate 1: Derechos digitales desde una perspectiva de género interseccional
Con la participación de Ona Lorda Roure (Save the Children Catalunya), Marina Amores (periodista y divulgadora especializada en videojuegos y género) y Daniel Sosa (Fundación Ferrer i Guàrdia). Modera: Patricia Celi (Fundación Ferrer i Guàrdia).
Ona Lorda Roure
Save the Children
Ona Lorda señaló que un primer reto es incorporar de verdad la perspectiva de género interseccional dentro de la propia investigación, dada la dificultad de disponer de datos desagregados por orientación sexual, identidad de género, clase social u origen migrante.
Destacó datos sobre violencias: el 60% de las víctimas online de grooming son niñas y adolescentes. También lo ilustró con el informe de Save the Children, La trampa de la autoexposición, según el cual el 97% de los perfiles de OnlyFans son de chicas, mientras que el consumo es mayoritariamente masculino, evidenciando una arquitectura algorítmica diferenciada por género (chicas como creadoras, chicos como consumidores o incluso mentores/propietarios de perfiles). Identificó perfiles especialmente vulnerables: niños de clase desfavorecida y niños tutelados por el sistema de protección.
Reivindicó superar el “mito del consentimiento digital” en menores y reforzar el marco legislativo (LOPIVI), alertando de la falta de recursos judiciales especializados: en Barcelona hay un juzgado especializado en infancia pero con una sola plaza, y en todo el Estado solo hay en Barcelona, Madrid, Málaga y Palma.
Marina Amores
Periodismo y videojuegos
Marina Amores explicó que la cultura de los videojuegos es tóxica, entre otras razones, por cuestiones sociológicas que se remontan al marketing de los años ochenta y noventa, cuando la tecnología doméstica se empezó a vender como algo “para niños y hombres”. Desde entonces, cualquier persona que no encaje en el perfil de hombre blanco, cis y heterosexual es leída como una “intrusa” en el espacio gamer.
Amores alertó de que el 25% de las jugadoras menores de 24 años han sufrido acoso en comunidades en línea (principal motivo de abandono); el 59% de las jugadoras usan nicknames de género neutro para evitarlo. Esto genera un círculo vicioso: la estrategia de invisibilidad (no usar micrófono, por ejemplo) dificulta el rendimiento en equipo y alimenta el estereotipo de que las mujeres “juegan peor”.
Reivindicó el derecho al juego y al ocio como una cuestión feminista, en un contexto en el que las mujeres disponen de menos tiempo libre y de peor calidad.
Daniel Sosa
Guía de Acompañamiento Digital
Sosa presentó la Guía de Acompañamiento Digital de la Fundación Ferrer i Guàrdia, dirigida a profesionales y familias, partiendo de la idea de que responsabilizar solo a las personas jóvenes de su seguridad digital invisibiliza las desigualdades previas. La guía se estructura en cinco dimensiones: entorno digital y sostenibilidad (big tech vs. software libre, impacto geopolítico y ambiental); participación (desinformación, discursos de odio, brecha de vocaciones tecnológicas); cultura, ocio y juego; identidad digital y privacidad; y bienestar digital.
Sobre las propuestas de prohibir pantallas o retrasar la edad de acceso a internet, las tres panelistas se mostraron críticas con las prohibiciones generales. Ona Lorda citó el caso australiano (el único país que ha implementado esta medida), donde datos de 2026 muestran que entre un 61% y un 70% de los menores sigue teniendo cuentas activos mediante VPN o cuentas previas, cuestionando la eficacia real de la medida y alertando del riesgo de migración hacia plataformas menos reguladas. Marina Amores añadió una mirada crítica sobre la desigualdad social de fondo (citando el artículo de Marta G. Franco en El Salto Diario) y defendió el anonimato como herramienta de protección para personas vulnerables y activistas. Dani Sosa señaló que limitar el acceso puede reforzar la brecha digital y negar derechos de participación, y que hay que "atacar los riesgos, no evitarlos".
Sobre el bienestar digital más allá del tiempo de pantalla, las tres voces coincidieron en que hay que desplazar la mirada de la gestión individual hacia la responsabilidad colectiva: formación real de familias y escuelas (con figuras LOPIVI aún infradotadas de recursos), sensibilización de las instituciones judiciales y policiales ante denuncias de acoso, e integración de la perspectiva de género interseccional, descolonial, antirracista y LGTBIQ+ en el diseño mismo de la tecnología.
En el turno de preguntas del público se debatió la posibilidad de sellos de calidad más allá del contenido (tipo PEGI) que certifiquen la seguridad de la interacción, a pesar de las limitaciones prácticas de la moderación (facilidad de recrear cuentas bandeadas, incentivos económicos contrarios a la expulsión de usuarios que generan ingresos). Save the Children adelantó su participación en el proyecto europeo DigComp, aún en fase inicial, para desarrollar un currículo de competencias digitales para adolescentes de 12 a 16 años.
Mesa de debate 2: Miradas prácticas para combatir las violencias en el entorno digital
Con la participación de Alev Coban (Mediale Pfade de Berlín, en conexión virtual), Selene Garcia Sanagustín (Cooperativa Candela) y Olga Jiménez Palau (directora general para la Erradicación de las Violencias Machistas, Generalidad de Cataluña). Moderación: Marta Fullola (Fundación Ferrer i Guàrdia).
Alev Coban
Mediale Pfade, Berlín
Alev Coban presentó el proyecto Unlearning Antifeminism on TikTok, desarrollado junto con la Universidad de Colonia, centrado en cómo jóvenes de 15 a 20 años se encuentran con contenidos antifeministas en TikTok (23 millones de usuarias en España, 1,9 millones en Alemania). Explicó cómo contenidos como las tradwives o los coaches de masculinidad funcionan a menudo como “ideología puente” hacia el extremismo (islamismo o fundamentalismo cristiano), y cómo estos tipos de contenido son más difíciles de reconocer como problemáticos para los jóvenes porque se presentan como una “elección personal”.
Como respuesta educativa, desarrollaron el método del “puzle de TikTok”: una herramienta educativa que consiste en imprimir en papel un vídeo real de TikTok y analizarlo en grupo en tres pasos: primero los mecanismos de viralidad y recursos estilísticos (montaje, música, emojis), luego el impacto emocional que provoca y, finalmente, la narrativa antifeminista de fondo (como “el hombre salvador”). Imprimirlo “detiene” el vídeo, lo que permite hacer la lectura crítica que la velocidad del feed normalmente impide. Coban reclamó transparencia algorítmica y un diseño tecnológico codiseñado con la sociedad civil, en lugar de optimizado solo por el engagement. También compartió la experiencia positiva de talleres de tecnología solo para chicas y jóvenes LGTBIQ+, con una participación mucho más diversa que en talleres mixtos, y la necesidad de talleres específicos sobre masculinidad tóxica, liderados también por hombres.
Selene Garcia Sanagustín
Cooperativa Candela
Selene García explicó el trabajo de la Cooperativa Candela (junto con la entidad PDA) para sustituir el concepto de prevención del sexting por el de sexpreading (difusión no consentida de imágenes íntimas), para dejar claro que se trata de una violencia sexual machista que utiliza las redes como vehículo, no de un problema derivado de la sexualidad adolescente o del uso de pantallas. Lo ilustró con el ejemplo de una fotografía en papel hecha circular antes de la era digital: la violencia de fondo sería la misma, aunque el impacto de las redes amplifique su alcance.
Identificó tres tipos de daño en el sexpreading daño a la confianza, daño a la intimidad y castigo social —que recae más en las mujeres y los hombres que no encajan en la masculinidad hegemónica. Reiteró trabajar la raíz machista del problema en lugar de poner el foco preventivo en la sexualidad de quien puede sufrir la violencia.
En las preguntas generales, defendió que la disolución de las estructuras patriarcales es un proceso lento, y que el verdadero reto es que el profesorado y las instituciones entiendan que la responsabilidad nunca es de la persona acosada, sino de quien difunde el contenido y de la lógica de grupo que busca estatus. Señaló que la falta de denuncias se explica por la revictimización sistemática en los procesos judiciales y sociales.
Olga Jiménez Palau
Generalitat de Catalunya
Olga Jiménez Palau presentó el nuevo Servicio de Intervención Especializada en Violencias Machistas Digitales (SIE Digital), en marcha desde octubre de 2025 y que se define como único en Europa. Ofrece atención técnica, jurídica y psicológica a víctimas mayores de 16 años (y, en casos determinados, desde los 14), a su entorno y a profesionales, por múltiples canales.
Jiménez señaló que el 12% de las mujeres en el Estado español de 16 años o más han sufrido acoso digital; en Cataluña, el 24% de las mujeres victimizadas lo han sido por violencias digitales, y el 14% por parte de exparejas, según macroencuestas oficiales sobre violencia machista. El 80% de las mujeres amenazadas con difusión de vídeos íntimos manifiestan ansiedad, depresión o pérdida de autoestima.
En el turno de preguntas, situó el trabajo institucional en el marco del Pacto Catalán por la Erradicación de las Violencias Machistas, previsto para aprobarse en el Parlament en noviembre de 2026, con el objetivo de combatir el negacionismo y la normalización social de las violencias machistas. Citó iniciativas como “Cataluña, territorio coeducador” y campañas de prevención dirigidas a jóvenes en festivales de música.
Sobre las responsabilidades compartidas, Jiménez defendió que a las administraciones les corresponde, primero de todo, legislar bien: no para prohibir el acceso de los jóvenes a las redes, sino para ejercer control sobre el funcionamiento de las plataformas. En segundo lugar, señaló que la Administración debe actuar con protección efectiva cuando hay discriminación, desigualdad o una víctima, e impulsar políticas de prevención y sensibilización conjuntamente con la sociedad civil. Finalmente, reclamó corresponsabilizar plataformas, administraciones, escuela y familia, sin cargar todo el peso en solo algunos de estos ámbitos.
Las tres ponentes coincidieron en que la normalización de las violencias digitales es un síntoma de fondo patriarcal, no un problema tecnológico aislado, y que hay que trabajar en ellas desde la educación crítica, el cuestionamiento de las estructuras de poder y políticas públicas que no deleguen la responsabilidad exclusivamente en quien la sufre.
Clausura de la jornada
En el cierre, Sandra Gómez recuperó la pregunta inicial —¿qué entendemos por derechos digitales?— para remarcar que no es una cuestión puramente tecnológica, sino de participación, educación, identidad, libertad de expresión, privacidad e igualdad en el ejercicio efectivo de estos derechos. Reiteró que el entorno digital no es un espacio neutro: las desigualdades sociales se transforman, se reproducen y a menudo se amplifican.
Como mensaje central de la jornada, defendió que los derechos digitales no pueden seguir planteándose como una responsabilidad exclusivamente individual. Cuando el ejercicio de un derecho depende solsolo de los recursos personales o familiares de cada uno, deja de ser un derecho garantizado para convertirse en un privilegio.
Cerró agradeciendo la participación de todas las personas ponentes, del equipo de la Fundación Ferrer i Guàrdia y del Departamento de Igualdad y Feminismo de la Generalidad de Cataluña, subrayando que garantizar los derechos digitales de la infancia, la adolescencia y la juventud es, en última instancia, un reto democrático para el conjunto de la ciudadanía.
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