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La brecha digital en mayores de 60 años alcanza al 72,8%


La brecha digital en mayores de 60 años alcanza al 72,8%

09/03/2026
  • La dependencia digital llega al 65,5% entre las personas mayores de 60 años y hasta el 80,3% en los mayores de 75 años.
  • El 66% presenta baja autoconfianza digital y el 70% se autopercibe con un nivel básico de competencias digitales.  
  • El 67,6% siente miedo o inseguridad en internet. 

El 72,8% de las personas mayores de 60 años presenta una baja inclusión digital, según el estudio publicado por la Fundación Ferrer i Guàrdia. La investigación muestra que la brecha digital no se limita al acceso: factores como el miedo, la baja confianza y el edadismo dificultan el uso y aprovechamiento de la tecnología.

La dependencia digital afecta al 65,5% del colectivo y se intensifica hasta el 80,3% en los mayores de 75 años, en un contexto donde solo un 7% ha recibido formación reciente. Además, el diseño poco accesible de las herramientas tecnológicas y la falta de apoyo presencial agravan las dificultades.

La encuesta ha generado una base de datos pionera sobre desigualdades sociodigitales en personas mayores, incluyendo perfiles menos representados, como los mayores de 75 años. Se ha aplicado el Índice IDAUA para medir con precisión las brechas de acceso, uso y aprovechamiento, y se ha incorporado un análisis cualitativo que revela cómo se construye y perpetúa la brecha digital.

“Los datos desmontan la idea de que la edad es la que aumenta la dependencia digital”, explica Sandra Gómez, coordinadora de proyectos de la Fundación. “La digitalización es un proceso complejo, vinculado tanto a condiciones materiales como a experiencias vitales y actitudes frente a la tecnología”.

El informe evidencia la urgencia de actuar para cerrar la brecha digital y garantizar derechos, autonomía e igualdad de oportunidades. Para ello, la Fundación ha presentado un decálogo de recomendaciones, destacando que “las personas mayores pueden y quieren participar activamente en el entorno digital, pero necesitan herramientas, formación y apoyo que les permitan hacerlo con autonomía y confianza”, añade Gómez.


Principales resultados  

El análisis de la población española mayor de 60 años revela una brecha digital profunda y multifactorial, con un 72,8% de este colectivo clasificado con un perfil de baja inclusión digital. El 66% de las personas mayores manifiesta una autoconfianza digital baja o muy baja, y un 70% se autopercibe con un nivel de competencias básico. 

Uno de los factores clave que perpetúan esta brecha es el edadismo digital, tanto el externo (un 24% cree que las personas mayores no pueden aprender) como el internalizado (un 31% considera que ya no tiene edad para la tecnología). Además, el temor y la inseguridad son generalizadas, especialmente en el grupo de baja inclusión, donde un 57,1% siente miedo al interactuar con la tecnología. Esto se traduce en una alarmante tasa de dependencia digital del 65,5% para el colectivo de mayores de 60 años, que llega al 80,3% en los mayores de 76 años, frente al 46% de la población general.

La falta de capacitación digital (sólo un 7% ha recibido en los últimos 5 años) y un diseño tecnológico poco accesible y usable agravan la situación.

Los datos de la Encuesta de Brecha Digital 2025 muestran una disparidad significativa entre la población general y el colectivo de más de 60 años, la diferencia es de casi 30 puntos porcentuales. Las brechas más pronunciadas se encuentran en las dimensiones de uso y de aprovechamiento, indicando que, incluso cuando tienen acceso, las personas mayores no extraen los mismos beneficios de la tecnología. 


Comparativa de la magnitud de las brechas digitales según el índice IDAUA (%) 
Tipos de brecha digitalPoblación general (2024)Personas  +60 años (2025)
Brecha digital de acceso8,841,05
Brecha digital de uso43,977,11
Brecha digital de aprovechamiento43,869,35
Brecha digital total36,966,79


Estas brechas se traducen en una distribución muy desigual de los perfiles de inclusión digital dentro del colectivo senior: casi tres cuartas partes presentan una baja inclusión.


  • Baja inclusión digital: 72,8% 
  • Media inclusión digital: 17,4% 
  • Alta inclusión digital: 9,8%

La autopercepción de las competencias digitales es un factor crucial. Un 70% de las personas mayores se considera con un nivel básico, y un 66% presenta una autoconfianza digital baja o muy baja, lo que condiciona su interacción con la tecnología. Esta percepción está directamente relacionada con el nivel de estudios alcanzado: 


Autopercepción del nivel de competencias digitales según nivel de estudios (%) 
Nivel de estudiosBásico (%)Intermedio (%)Avanzado / Especializado (%)
Menos de estudios primarios95,54,50,0
Estudios primarios85,911,52,6
Estudios secundarios66,329,34,5
Estudios superiores51,741,56,8
Estudios universitarios38,638,622,8

Las actitudes son ambivalentes. Mientras que algunos valoran la conveniencia, como expresa una participante: "Me gusta entrar en internet y resolver gestiones porque no hace falta desplazarse" (mujer, 60-70 años, Extremadura); otros reflejan una pérdida de confianza: "Perdemos la confianza incluso en nosotros mismos, pensamos que no somos capaces" (hombre, 60-70 años, Castilla-La Mancha). 

El edadismo digital, o discriminación por edad en el ámbito tecnológico, se manifiesta de dos maneras principales: 

  • Edadismo propio (internalizado): Un 31% considera que a su edad ya no puede manejarse con la tecnología. 
  • Edadismo general (percibido en los demás): Un 24% cree que las personas mayores no pueden aprender. 

Esta creencia está más arraigada en los grupos con menor inclusión digital. Por ejemplo, el 41,9% del grupo de baja inclusión manifiesta un alto edadismo digital propio. 

Los elementos que condicionan el edadismo digital son: 

  1. El acompañamiento digital: A menudo, la ayuda recibida genera más dependencia que aprendizaje. 
  2. Diseño y estructuras digitales: La percepción es que las herramientas no están diseñadas para ellos. 
  3. Respuestas institucionales a las desigualdades: Las administraciones abordan la brecha digital como si los colectivos —como las personas mayores— fueran homogéneos. 
La accesibilidad física (ver y teclear) y la usabilidad cognitiva (facilidad de uso) son barreras importantes, especialmente para personas con perfil bajo de inclusión o dificultades físicas.


Accesibilidad

Las dificultades se acentúan en poblaciones específicas: solo el 56,5% de las personas con dificultades para ver considera que puede ver bien la pantalla, y solo el 65,1% de las personas con dificultades para usar las manos afirma poder teclear bien.



Usabilidad 

Cuando una persona mayor interactúa con la tecnología, debe superar otros retos como navegar por las aplicaciones y entender la interfaz. En cada uno de estos pasos hay una brecha entre las personas con alta inclusión digital y las que la tienen baja.


Cuanto más inclusión digital, mejor percepción de usabilidad. Esto muestra una correlación muy clara: la competencia digital refuerza la sensación de control y comodidad con las tecnologías. En todos los ítems, el patrón es el mismo: alta inclusión: porcentajes muy altos (entre 92% y 98%); media inclusión: también altos, pero siempre un poco por debajo; baja inclusión: porcentajes claramente más bajos (entre 62% y 76%). 


A pesar de una percepción general de accesibilidad adecuada, persisten barreras significativas para personas con discapacidades visuales o motrices, evidenciando que las tecnologías no son universalmente accesibles.


La percepción global de usabilidad muestra una clara desigualdad estructural. Las personas con baja inclusión digital superan apenas el 70% en la mayoría de las tareas, mientras que los otros dos grupos se mantienen siempre por encima del 90%. Esto refuerza la idea de la brecha de uso y aprovechamiento, más allá de la simple brecha de acceso.


El miedo es una de las barreras emocionales más potentes. El riesgo de ser estafado, la complejidad de los sistemas y la falta de apoyo institucional generan una sensación de vulnerabilidad constante. 

 Percepciones sobre seguridad según el grupo de inclusión digital (%)  

Percepción 

Baja inclusión 

Media inclusión 

Alta inclusión 

Siento miedo o inseguridad en internet 

67,6 

58,8 

57,1 

Creo que internet no es un espacio seguro para mí. 

47,3 

22,9 

16,1 

Considero internet inseguro para expresar opiniones políticas 

25,8 

11,1 

9,1 

A pesar de la necesidad evidente, el acceso a formación digital estructurada es extremadamente bajo: sólo un 7% de las personas mayores ha realizado algún curso en los últimos 5 años. La dependencia del aprendizaje y el acompañamiento digital del entorno cercano de los perfiles con baja inclusión digital hace que sus oportunidades de autonomía en línea dependan de las condiciones sociales de su contexto, generando un claro caldo de cultivo para nuevas desigualdades. Para los perfiles con alta inclusión digital, el aprendizaje se basa esencialmente en el autoaprendizaje (83,8%). 


Vía principal de aprendizaje sobre tecnología según el grupo de inclusión digital (%) 

Vía de aprendizaje 

Baja inclusión 

Media inclusión 

Alta inclusión 

Me ha enseñado alguien de mi entorno 

55,4 

41,4 

8,2 

Por mi trabajo 

55,4 

36,6 

59,6 

He sido autodidacta 

43,4 

70,3 

83,8 

No he aprendido sobre tecnología 

28,5 

He hecho un curso o formación 

6,8 

38,3 

28,6 

 


La consecuencia directa de todas estas barreras es un alto nivel de dependencia digital. De media, el 65,5% de la población mayor de 60 años se encuentra en situación de dependencia digital, un porcentaje que sube al 80,3% entre los mayores de 76 años. Estas cifras contrastan con el 46% del conjunto de la población española (Encuesta Brecha Digital 2024).  


La dependencia crece con la edad, pero también se enfila entre los perfiles con baja inclusión digital, un recordatorio claro de que no es sólo cuestión de edad: correlación no es causalidad.

Autonomía y dependencia digital según grupo de edad (%) 

Decálogo para la inclusión digital

Para revertir esta situación, la Fundación Ferrer i Guàrdia propone un decálogo de actuaciones estratégicas. Estas recomendaciones buscan revertir la brecha digital y poner la tecnología al servicio de las personas mayores, garantizando su autonomía, seguridad y participación activa en la sociedad.


01/

Garantizar un acceso digital equitativo como derecho básico

Asegurar la cobertura universal de conectividad en todos los territorios, especialmente en zonas rurales, evitando situaciones en las que la ciudadanía queda restringida a un único operador o a infraestructuras precarias. La disponibilidad de dispositivos adecuados debe comprenderse como una condición necesaria para la participación social.

02/

Diseñar entornos digitales accesibles, usables y pensados para la diversidad

Las interfaces y plataformas deben responder al principio de diseño universal: navegación intuitiva, simplicidad en los procesos, estabilidad en las actualizaciones, opciones de accesibilidad visual y motriz, y lenguajes claros. La tecnología debe adaptarse a las personas, no al revés.

03/

Combatir el edadismo digital y su impacto en la autoestima

Erradicar discursos, prácticas y diseños que infantilizan, invisibilizan o presuponen incapacidad en las personas mayores. El edadismo actúa como un mecanismo de reproducción de desigualdades: desmontarlo es clave para fortalecer la autoconfianza y fomentar el aprendizaje continuo.

04/

Ofrecer formación digital continuada, contextualizada y pedagógicamente cuidada

Los programas de capacitación deben ser estables, accesibles, gratuitos y adaptados a diferentes niveles de competencia. La formación debe centrarse en la práctica real, la repetición y la creación de espacios de confianza que eviten el miedo al error.

05/

Promover modelos de acompañamiento digital que generen autonomía, no dependencia

El acompañamiento debe orientarse a enseñar, no a sustituir. Evitar el "déjalo, ya lo hago yo" implica devolver agencia, reducir la dependencia digital y favorecer que las personas mayores puedan hacer efectivos sus derechos sin mediaciones innecesarias.

06/

Desarrollar políticas públicas sensibles al territorio y a las desigualdades estructurales

La edad no es el único factor explicativo: la inclusión digital depende de la intersección de factores diversos como el nivel educativo, capital cultural, ruralidad, salud y entorno social. Las políticas deben reconocer esta heterogeneidad y adaptar estrategias a cada perfil.

07/

Asegurar una red estable de puntos de atención y acompañamiento presenciales

Las personas mayores reclaman lugares donde preguntar sin prisas, resolver dudas, realizar trámites acompañadas y completar formación práctica. Estos espacios físicos deben ser permanentes, gratuitos y gestionados desde la proximidad social y comunitaria.

08/

Fortalecer la seguridad digital como eje central de la inclusión

El miedo a estafas, errores o pérdidas de información es una barrera subjetiva determinante. Programas específicos de formación en ciberseguridad que huyan del alarmismo, mecanismos de reclamación eficaces y respuestas institucionales claras son esenciales para generar confianza.

09/

Visibilizar la diversidad de las personas mayores en la cultura digital

Evitar representaciones homogéneas y estereotipadas. Incorporar imágenes, narrativas y ejemplos de personas mayores activas, diversas y competentes en la comunicación institucional y en los materiales educativos contribuye a transformar imaginarios sociales y autoimaginarios.

10/

Adoptar un enfoque feminista e interseccional en la inclusión digital

Las mujeres mayores enfrentan trayectorias específicas: socialización tecnológica tardía, carga de cuidados, menor disponibilidad de tiempo y mayor autoexigencia. Las políticas públicas deben incluir estrategias de empoderamiento digital femenino y espacios sororos.