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El asesinato del profesor Samuel Paty el pasado 16 de octubre despertó una nueva ola de terrorismo religioso en Europa. El motivo del crimen había sido que el docente había tratado en una clase la libertad de expresión enseñando las caricaturas de Mahoma de la revista satírica Charlie Hebdo. El autor del crimen fue un joven de 18 años de origen checheno con estatuto de refugiado y educado en Francia, quien se radicalizó a través de las redes sociales sin conocimiento de sus familiares ni de las autoridades. Este caso ha reavivado el debate sobre qué respuestas se pueden dar desde la laicidad.

Para tratar este fenómeno, desde la Fundación Ferrer Guardia con colaboración con la Fundación Eugen Bleuler, organizamos el pasado 25 de noviembre el coloquio sobre laicidad y fundamentalismo: "La libertad y la vida, contra el sometimiento y la muerte". En este acto celebrado en el Arts Santa Mónica participaron Josep Ramoneda, filósofo y director de la Escuela Europea de Humanidades, Najat El Hachmi, escritora y ensayista y Joan Subirats, catedrático de Ciencia Política. Por motivos de salud, no se pudo contar con la ponencia de Joan-Francesc Pont, presidente de la Fundación Ferrer Guardia. El debate fue moderado por Vicenç Molina, vicepresidente de la fundación.

 

 

Libertad, prevenció de discursos de odio y gestión de la diversidad

Desde un punto de vista filosófico, Josep Ramoneda inició el coloquio explicando como la libertad es una historia de lucha constante. "La libertad siempre tiene una dimensión de transgresión porque siempre tendrás fuerzas que se opones y que intentan reprimirla", explica Ramoneda. En este conflicto, la libertad de expresión es uno de los exponentes para combatir aquellas ideas que no quieren ser combatidas. Ante la situación actual, para Josep Ramoneda se ha instrumentalizado la inmigración en Europa para evitar tratar el problema del crecimiento de las desigualdades y el deterioro de las clases medias desde la crisis de 2008. "La inmigración se ha convertido a la vez en una cabeza de turco propicio para todos los fanatismos locales y de identificación de unos amplios colectivos que no tienen nada que ver con la cuestión terrorista ", asegura Ramoneda. Es decir, que se ha recurrido a simplificaciones fáciles y en la asociación de las personas musulmanas con el fundamentalismo religioso.

La escritora Najat El Hachmi expresó que hay un discurso fundamentalista que busca colonizar todas las formas del islam y que se basa en deshumanizar el contrario y en imponer sus valores por encima de los del resto. "Toda esta retórica contra los infieles, es un mensaje de odio contra las personas que han convivido, y se deben hacer políticas para prevenir este odio", argumenta El Hachmi. La escritora critica que actualmente no se está haciendo nada para controlar los relatos integristas ni sus fake news. Según El Hachmi, es un error que se coloque a todas las personas musulmanas en el mismo saco y se evite tratar esta cuestión. Para ella es racista cuando se dice que "no se puede estigmatizar ni hacer políticas contra el fundamentalismo porque sería acusado de islamofobia" . Por último, también critica que haya intereses foráneos en comunitarizar a todos los musulmanes y afirma que "es discriminatorio que nuestro voto vaya a ser explotado a través de nuestra religión y no en base políticas". Por ello pide más políticas redistributivas y que atiendan las desigualdades de las personas.

Finalmente, Joan Subirats introdujo el factor del reconocimiento como un elemento importante a gestionar en las sociedades actuales. "Al mismo tiempo que quieres ser igual, se quiere que te reconozcan tu diferencia", explica el catedrático de Ciencia Política. En su punto de vista, la República francesa es muy drástica y tiene pocos matices a la hora de reconocer el factor de inclusión. En esta línea, remarca que hay que proteger la diversidad y dar salida a esta demanda de reconocimiento. "La tradición de la administración pública ha sido confundir la igualdad con la homogeneidad y ha tendido que esta protección deba ser igual para todos", argumenta Subirats.

Sobre las respuestas concretas frente al fundamentalismo, los tres ponentes han mostrado una sintonía. Para Najat El Hachmi, la solución más efectiva es a través de la educación "hay más educación en laicidad, educar en que es una cultura laica". En la misma línea, Josep Ramoneda pide "formación, formación y formación; aprender a pensar y decidir por sí misma y que entienda que la persona es más importante que la creencia en que la quieren atrapar". Finalmente, Joan Subirats expresa que se deben destacar tres valores: salud, autonomía y autonomía crítica. Esta última estaría entendida como "la capacidad que tienes tú mismo de darse cuenta de tus problemas y que no haya una lógica patriarcal jerárquica a la hora de definir cuál es tu problema".

El posicionamiento de la Fundación Ferrer Guardia ante esta realidad se expresó por parte de Vicente Molina, vicepresidente de la entidad. "Creemos que la relación entre las personas y el espacio público debe ser una relación entre ciudadanos, al margen de cuáles sean sus orígenes, sus géneros, sus opciones sexuales, sus orígenes iniciales, los derechos de ciudadanía están por encima de cualquier código de diferenciación identitario", afirma Molina. En este sentido, defendemos que para que estos derechos de ciudadanía puedan expresarse de verdad, es necesario que haya políticas públicas de integración, políticas de cohesión social y políticas que impidan que ninguna persona se sienta minorizada. Al mismo tiempo, se manifestó que hay que eliminar los privilegios de la Iglesia católica si se quiere priorizar la igualdad entre confesiones religiosas.